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El fantasma radiactivo del komsomolets: ¿una bomba de tiempo en el atlántico norte?

La Armada Española se prepara para defender Chipre, mientras que la Tecnología militar avanza a pasos agigantados. Sin embargo, un peligro silencioso y olvidado aguarda en las profundidades del Océano Atlántico Norte: el submarino soviético Komsomolets, un espectro radiactivo que amenaza con desestabilizar ecosistemas marinos.

El komsomolets: un naufragio de la guerra fría con consecuencias modernas

El komsomolets: un naufragio de la guerra fría con consecuencias modernas

El submarino, hundido hace más de 35 años, no es víctima de un ataque moderno, sino de un accidente catastrófico. Un incendio descontrolado, originado por un cortocircuito en la popa, lo hundió a una profundidad de 1.680 metros, cerca de la isla de Bjørnøya en el archipiélago de Svalbard. Lo que nadie cuenta es que el Komsomolets transportaba dos torpedos con ojivas nucleares, una bomba de tiempo que, aunque aparentemente sellada, sigue siendo motivo de profunda preocupación.

La corrosión del casco, combinada con la descomposición del combustible nuclear, ha liberado material radiactivo. Investigaciones recientes, utilizando el vehículo teledirigido Ægir 6000, revelan la presencia de material radiactivo emanando del reactor nuclear. Aunque el compartimento de torpedos parece estar sellado, la fuga controlada de plutonio es una realidad que los científicos noruegos Justin Gwynn y Hilde Elise Heldal monitorean de cerca.

El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), alerta sobre los riesgos inherentes a los naufragios de buques nucleares y la potencial contaminación que pueden generar. Los científicos señalan que el aumento de las actividades militares y las tensiones geopolíticas hacen que entender el destino del Komsomolets sea más relevante que nunca. La cifra habla por sí sola: el submarino, con una capacidad de inmersión de 1.300 metros, ahora reside a una profundidad de 1.680 metros, un testimonio de la implacable fuerza del tiempo.

En 1994, Rusia detectó fugas de plutonio en las ojivas, y en 1995 se realizaron esfuerzos para sellar las aperturas del casco. La operación con el Ægir 6000 en 2019 confirmó que el sellado inicial sigue siendo efectivo en el compartimento de torpedos, pero la fuga del reactor nuclear necesita un control continuo. La circulación del agua marina dispersa los contaminantes, pero una acumulación masiva podría tener consecuencias devastadoras.

El caso del Komsomolets no es un incidente aislado. Tras conflictos, los equipos científicos deben revisar exhaustivamente los naufragios militares, especialmente aquellos con armamento atómico o reactores. El destino de este submarino soviético es un recordatorio sombrío de la persistencia de los peligros de la Guerra Fría y la fragilidad de la seguridad nuclear. Es un legado que no podemos ignorar.

La Armada Española se prepara para defender Chipre, pero la verdadera amenaza podría estar acechando en las profundidades, un recordatorio constante de que algunos peligros no desaparecen con el tiempo.