Trump y xi, al borde del abismo: la cumbre pondrá a prueba el equilibrio global
La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, programada para el próximo mes, se antoja como un punto de inflexión en las relaciones entre ambas potencias. Un intento desesperado por estabilizar un escenario geopolítico que se desmorona, amenazado por la escalada en Irán y la carrera armamentista tecnológica entre Estados Unidos y China.
Tensiones en aumento: sanciones y bloqueos estratégicos
La administración Trump ha intensificado su presión sobre Pekín, imponiendo sanciones a una refinería china que, según Washington, apoya al régimen iraní. El secretario del Tesoro, Scott Bewley, advierte de posibles represalias contra los bancos chinos si la ayuda a Teherán persiste, mientras que el Departamento del Tesoro insta a las instituciones financieras a evitar cualquier actividad con Irán. A esto se suma el bloqueo por parte de China de la oferta de Meta por la startup de IA Manus, una medida que refleja la determinación de Pekín por mantener bajo control su sector tecnológico.
China, por su parte, denuncia las sanciones estadounidenses como arbitrarias y utiliza la jurisdicción extraterritorial para defender su posición. La Ley MATCH, en proyecto, busca limitar el acceso de los fabricantes chinos a tecnologías de semiconductores avanzadas – incluso de aliados – lo que inevitablemente provocará una reacción contundente por parte de Pekín.

La ia como moneda de cambio: un juego de poder
La carrera por la inteligencia artificial se convierte en un factor clave en la cumbre. El Politburó chino reafirma la necesidad de autosuficiencia tecnológica y control de las cadenas de suministro, buscando reducir la capacidad de Trump para utilizar el acceso a chips estadounidenses como herramienta de negociación. Sin embargo, la situación es delicada para Pekín, que depende en gran medida del gas natural licuado procedente del Golfo Pérsico – aproximadamente el 40% de sus importaciones de petróleo – y se ve amenazada por el bloqueo estadounidense a las vías de suministro.
Ben Kostrzewa, abogado especializado en comercio internacional, advierte que “Estados Unidos y China son como dos placas tectónicas que chocan entre sí”. La relación puede parecer estable, pero los puntos de fricción son numerosos y podrían desencadenar una crisis. La incapacidad de Trump para abordar las principales preocupaciones de China “de manera satisfactoria” sería lo que más probablemente alteraría los planes.

Un equilibrio frágil: la cumbre en la cuerda floja
Mientras las negociaciones bilaterales se intensifican, ambas potencias refuerzan sus cadenas de suministro, protegen su propiedad intelectual y buscan aumentar su poder de negociación. La cumbre, a pesar de las maniobras políticas, no presenta indicios de ser pospuesta, según Wu Xinbo, director del Centro de Estudios Americanos de la Universidad de Fudan. El líder republicano llega a la cumbre con una situación compleja, aún incapaz de poner fin a la guerra en Irán, una situación que, según el presidente alemán, ha “humillado” a Estados Unidos.
La decisión de China de bloquear el acuerdo con Manus subraya su preocupación por la fuga de talento e innovación. Kendra Schaefer, socia de Trivium China, señala que “Pekín ha dedicado décadas a reestructurar su ecosistema de innovación para cultivar empresas emergentes innovadoras.” El cierre de este acuerdo, argumenta, representa una pérdida neta para China. El futuro de la cooperación internacional en inteligencia artificial, aunque se reafirme la necesidad de fortalecerla, se verá marcado por la competencia y la colaboración.
La Ley MATCH, si se aprueba, podría desencadenar una represalia masiva por parte de Pekín, invirtiendo aún más en el desarrollo de sus propios semiconductores de alta gama. La situación es volátil, y el resultado de la cumbre dependerá de la capacidad de Trump y Xi para encontrar puntos en común, o al menos, evitar una escalada irreparable.